la luna deje de brillar,
en el horizonte se arropen vacÃos,
y el trinar de pájaros se oiga callar.
Cuando el dÃa pierda su encanto,
la niebla opaque su esplendor,
las sombras extiendan su manto,
para que se escuche al grillo cantor.
Cuando las letras no tengan sentido,
ni con el viento una sinfonÃa llegue al oÃdo,
la noche estrene su flamante vestido,
y el olvido cubra la gota de rocÃo.
Quizá la rima de algún verso,
brinque sobre mis fantasÃas,
junto a ese duende travieso,
que habita entre mis letras y melodÃas...
Susana E. Irigoite.

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