viento helado en la madrugada,
los cuerpos temblorosos sin aliento,
con su vitalidad menguada.
Cuerpos que con ahínco afrontan,
el revés de la vida soportan,
con la esperanza cristalizada.
El silencio recorre las calles,
la gente se aleja impiadosa,
la mente divaga y grita "no calles",
lo que a tu ser destroza.
La llama que asoma refulgente,
tímidamente en el interior gravita,
se eleva y el fuego clemente,
a confiar y esperar invita.
Quizá un sueño presuroso,
acuda a mitigar su dolor,
y un mañana primoroso,
resurja con más candor...
Susana E. Irigoite

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