descubrí una tierna mirada,
como un nuevo cancionero,
para mi alma aletargada.
Son dos luceros que invitan,
a un transitar diferente,
ellos a la aventura incitan,
con vibración estridente.
un suave murmullo se escucha,
desde la verja curiosa asomada,
que contra el viento con denuedo lucha.
Camino no recorrido,
tan distante como un latido,
misterioso y desconocido,
llamativo e imperativo.
Sendero estrecho y fecundo,
poblado de huellas flagrantes,
confiada me sumerjo en lo profundo,
imaginando futuros instantes...
Susana E. Irigoite

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