tiempo impiadoso que congela,
ausencia que la nada conforma,
voces que en realidad modela.
Silencio que apaga sonidos,
que surgen desde un abismo,
donde misterios escondidos,
emergen hacia uno mismo.
Silencio que eterno se siente,
carente de despliegues bulliciosos,
oscuridad que se presiente,
al soñar con abrazos cariñosos.
Silencio que se vuelve algarabía,
al oír nuevamente pasos, voces y risas,
caricias que el alma con sabiduría,
Susana E. Irigoite

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