descubrimos al abrir los ojos,
despojos de humildad,
y un corazón con cerrojos.
El hielo congeló el sentimiento,
embalsamó lo más sagrado,
no temió al escarmiento,
al obviar lo más preciado.
Bregamos por la paz en el mundo,
por la unión y respeto en hermandad,
sin diferencias de razas ni credos,
por un planeta sin necedad.
Hoy la vida reclama paz,
el ser doliente pide clemencia,
la tierra gira y a su compas,
susurra a modo de sentencia.
llora de tristeza,
y con desilusión sentida,
nos muestra su nobleza.
Debemos sonreír a la vida,
dar gracias por cada amanecer,
por la solidaridad crecida,
y la esperanza, que vuelve a nacer...
Susana E. Irigoite

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